miércoles, 14 de diciembre de 2011

Más que un anillo de compromiso



Reflexiones | 15936 lecturas
Un muchacho entró con paso firme a la joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuvieran. El joyero le mostró una hermosa piedra solitaria que brillaba como un pequeño sol resplandeciente. El muchacho contempló el anillo, preguntó el precio y con una sonrisa se dispuso a pagarlo.
-¿Se va usted a casar pronto? Preguntó el joyero.
-¡No!, respondió el muchacho, ni siquiera tengo novia.
Es para mi mamá, dijo el muchacho. Cuando yo iba a nacer estuvo sola; alguien le aconsejó que se hiciera un aborto, así se evitaría problemas. Pero ella se negó y me regaló la vida que hoy puedo disfrutar. Fue padre y madre. Amiga, hermana y maestra. Me hizo ser lo que soy. Ahora que puedo le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella.
El joyero, sorprendido, no dijo nada. Solamente ordenó a su cajera que hiciera al joven el descuento especial que sólo se hace a los clientes importantes.
Reflexión:
Tenemos casas más grandes, pero familias más chicas.
Tenemos más compromisos, pero menos tiempo.
Tenemos más medicinas, pero menos salud.
Hemos multiplicado nuestras fortunas, pero interiormente estamos vacíos.
Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado.
Hemos llegado a la luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer a nuestro vecino.
Hemos conquistado el espacio exterior pero no el interior.
Tenemos mayores ingresos, pero menos moral y felicidad.
Estos son tiempos con más libertad, pero menos alegría.
Con más comida, pero menos nutrición.
Son días en los que llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios.
Son tiempos de casas más lindas, pero más hogares rotos.
Por eso, siéntate en la terraza y admira la vista sin fijarte en las malas hierbas; pasa más tiempo con tu familia y con tus amigos en el campo, en la playa; come tu comida preferida; visita los sitios que te gustan.
La vida es una sucesión de momentos para disfrutar, no es sólo para sobrevivir.
Escribamos aquella carta que pensábamos escribir.
Digamos hoy a nuestros familiares y amigos cuánto los queremos.
No retrases nada que agregue alegría y felicidad a tu vida.
Cada día, hora y minuto pueden ser especiales.

jueves, 13 de octubre de 2011

Opciones...

Hay opciones fundamentales que haces sin darte cuenta
(Como cuando aprendes a sentir como sienten los que te rodean)
y luego condicionan tu vida mas de lo que piensas.
Si eliges Sentirte Bien todos los días te sobraran motivos para sentirte bien;

Si eliges Sentirte Mal todos los días te sobraran razones para sentirte mal;
¡Piensalo!
y tal vez descubras que lo mas importante y decisivo no es lo que pasa fuera de ti.

sino lo que tu haces que suceda dentro de ti mismo,
y que no son los otros, las "cosas" o los acontecimientos
los que te hacen sentirte mal
sino tu modo de vivir frente a todo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Un mal día



ecturas
Su esposa se lo había dicho antes de salir de casa, tenía un extraño presentimiento. Querido, hoy no va a ser un buen día, sería mejor que te quedaras en la cama descansando. Su esposo convivía con el peligro y la muerte, cualquier día podía ser el último que lo viera con vida.  
Y a sí fue, ese día detuvieron a su esposo.
-"No debiste haberte casado con él, nunca fue un buen hombre", le dijo su madre, hoy estás pagando las consecuencias de una mala elección.
Ella ya lo sabía, pero eso no impedía ni disminuía el amor que sentía por él. Su esposo era un ladrón y lo acababan de apresar. No la asustaba que estuviese preso, ya había pasado por esa situación antes. Lo dramático era que esta vez no habría misericordia del juez y la sentencia era inapelable. La condena que solicitaba el fiscal a un tribunal con sed de justicia, era de muerte y no una muerte cualquiera, sino muerte de cruz.
La mujer que tanto amaba a su esposo no dejaba de darle vueltas en su cabeza. Tal vez lo perdieron las malas compañías, reflexionó mientras recorría la calle principal, porque su socio en las andadas, también sería crucificado junto con él. De todos modos ya no importa buscar culpables, lo cierto es que su esposo iba a terminar como ella había soñado y temido tantas veces. Iba a morir de la peor de las muertes, la más humillante, la más cruel y atroz. La mujer no pudo despedirse de su amado, para los ladrones no hay privilegios, ni concesiones. No hay piedad, ni un último deseo para los condenados al madero.
En el horizonte se divisan tres cruces, la de su esposo, la de su compañero y la de un desconocido. Ella reconoce a su marido y al otro ladrón, pero le resta importancia al tercero; quizás sea otro que deje a otra viuda en el olvido y la desgracia.
El cuadro es estremecedor. No la culpen a ella por no llorar, ya había gastado todas sus lágrimas en una vida miserable junto a quien le prometió amor eterno y ahora cuelga de una cruz. No quiere mirar a su esposo, está allí, prefiere recordarlo de otra manera.
El otro de los ladrones insulta al desconocido de la cruz que estaba entre los dos. Y una voz conocida, pero imperceptible, pronuncia algunas débiles palabras. "Acuérdate de mi, cuando vengas en tu reino"  Era la inconfundible voz de su esposo, sin duda, hablándole al desconocido. "Hoy estarás conmigo en el paraíso", le responde, como si en su condición pudiese prometer algo.
La mujer levanta la vista por primera vez. Tal vez para mirar a los ojos de su esposo una última vez o tal vez para entender el diálogo tan extraño que acaba de oír. El socio de su esposo acaba de morir. El desconocido parece realmente un inocente que paga por algo que jamás cometió y su esposo sonríe. No tendría porqué hacerlo, no hay razones. Hizo de su vida un mundo miserable y está colgando de una cruz frente a miles de ciudadanos que claman justicia. Pero el ladrón se encuentra con la mirada de su esposa y le sonríe. Es como un último gesto queriéndole decir que todo estará bien, a pesar de todo.
La mujer no entendió bien el diálogo de los condenados, pero presiente que algo había cambiado. Algo debe haber ocurrido allí en lo alto de aquellas cruces, porque de pronto empieza a pensar que su esposo finalmente encontró algo distinto.
Su esposo cuelga de un madero, pero inexplicablemente, irracionalmente, sonríe. Ella le devuelve el gesto en silencio, ese que sólo pueden interpretar los que se han amado de verdad. Sabe que no puede implorar justicia y mucho menos misericordia y que su esposo está pagando por robos y crímenes cometidos durante muchos años. Pero ahora, la última sonrisa de su esposo le devuelve la calma. Por la sonrisa que se dibuja en su rostro no parece estar sufriendo en una cruz, al contrario, parece estar lleno de gozo y felicidad.
Por la vida que llevó durante tantos años, no merecía ningún tipo de contemplación, ni de perdón, ni siquiera una digna sepultura. Pero alguien, tan condenado como él, le prometió el paraíso. Su esposo se había encontrado con la gracia en el minuto final, segundos antes  de la muerte.
Ese, no iba a ser un buen día y evidentemente no existía la posibilidad de que terminara bien. Su esposo ha dejado de respirar, pero nadie se explica por qué sonríe y ella sólo puede reflexionar: Si para llegar al paraíso tenía que pasar por la cruz, valió la pena haberse levantado.
Jesucristo a través de su gracia y misericordia, espera tu decisión hasta tu último suspiro. Es posible que hayas tenido una vida llena de pecado, quizás has robado, asesinado, no importa. La Ley siempre te condenará, entre otras cosas, porque eres culpable, pero Jesucristo te está esperando para que puedas experimentar Su perdón, misericordia y amor incondicional.
“Te aconsejo que no esperes a estar en una situación tan comprometida como el protagonista de esta historia”